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LAS CRONICAS DE PAVALANDIA

MUERTE ENTRE LAS FLORES

CAPITULO 4

Por fin al cuarto día, el hada-Marian y el cochero Manoplitas pudieron contemplar la montaña del Staff.
Imponente y majestuosa se erigía en el valle, custodiada por las tres musas.
El hada bajó de la carroza y con voz firme y serena le ordenó al cochero que la esperara mientras ella ascendía a la cima.
Manoplitas protestó ya que quería ir con ella y ayudarla, pero el hada sabía que el ascenso sería difícil y peligroso, puesto que el sendero estaba lleno de trampas ocultas por las musas para evitar que nadie pudiera llegar arriba y ver en lo que la maldición del sátiro-Viví les había convertido, bastante tendría con estar alerta para sortear las trampas para que también tener que cuidar al noble cochero.
No obstante, antes de emprender el ascenso le dio un encargo: tenía que entregar un mensaje al hechicero bello-Carlos si antes de la puesta de sol no había regresado, ya que significaría que la misión había fracasado.
El hada inició el ascenso hacia la cima, un temblor sacudía su cuerpo, pero la determinación imperó y sacudiendo la cabeza se preparó para afrontar los peligros que la acechaban.
Mientras tanto Manoplitas espero a que el hada anduviera un trecho y se decidió a seguirla para protegerla.
Al doblar un recodo el hada sintió un escalofrío y supo en el mismo instante que el primer peligro acechaba. Observó a su alrededor e inmediatamente distinguió lo que era la vegetación, era igual en todas partes, salvo en un trozo y al momento reconoció el peligro. Se puso en guardia, era una hidra procedente del norte de África, especie que podía adoptar forma semihumana ya que le crecían siete cabezas con las cuales atacaba a sus presas hasta acabar con ellas a cabezazos.
Inmediatamente el hada lanzó el hechizo contra ella y la hidra se paralizó al momento, y cayo en un letargo que duraría algunos minutos tiempo suficiente para que el hada pudiera alejarse tanto como fuera posible.
El hechicero bello-Carlos que gracias a la fuente del Fénix podía ver lo que estaba sucediendo, respiró con tranquilidad al comprobar que la confianza depositada en el hada no era en vano, y si alguien podía salir airosa de esta misión era ella, pero al instante dio un respingo al ver que Manoplitas había hecho caso omiso a la orden del hada y estaba subiendo por la montaña, acercándose a la hidra justo cuando esta iba a recuperarse del letargo y el no tenía el poder para conjurarla otra vez. El hechicero, viendo la tragedia que iba a acontecer, cogió a su halcón mágico Lucena (este era un ave que poseía el poder de volar a la velocidad de la luz) y enviarlo para prevenir al valiente cochero. Lo que el hechicero no sabía era que las pavas podían ver todo lo que ocurría en el oráculo, ya que tiempos antes de que se pasaran al lado oscuro, la pava-Ali le había regalado un juego de cristales traseros y ahora gracias al dominio que esta ejercía, los había hechizado y servían de espejo para ellas. De esta forma, ellas tenían conocimiento de todos los pasos que allí se daban.
La pava-Ali, no tardo en reaccionar y a la vez que el halcón levantaba el vuelo ella lanzó un cristal al cielo justo cuando un gran rayo de sol caía, con lo cual cegó a la pobre ave haciendo que esta cayera en picado al vacío, quedando mal herida en la hierba, la columna vertebral estaba destrozada.
El final de Manoplitas era inminente, y aunque iba avanzando con cautela no distinguió el cambio de la vegetación ni la forma que unas ramas estaban adquiriendo, hasta que ya fue demasiado tarde. La hidra había cobrado forma humana, y las siete cabezas empezaron a golpearle brutalmente. Manoplitas sacó su puñal y se dispuso a defenderse de tan brutal paliza, pero era una lucha encarnizada y desigual, recibía los cabezazos uno tras otro y sólo conseguía lanzar golpes ciegos con su empuñadura, sabia que no iba a aguantar mucho, puesto que las fuerzas le iban abandonando por momentos, pero no cejaba en el empeño. El ser le estaba dando tan brutal paliza al valiente cochero y éste tuvo la mala suerte de tropezar y caer hacia atrás. Momento que aprovecho la Hidra para darle el golpe mortal, pero con lo que no contaba la maligna criatura, era que Manoplitas viéndose ya acabado iba a hacer pagar cara su vida, así que haciendo acopio de las ultimas fuerzas que le quedaban, lanzo hacia delante su mano, empuñando fuertemente el puñal y descargo una brutal puñalada justo en donde se ramificaban las cabezas. Heridos de muerte ambos cayeron el uno junto al otro.

3 Comments:

  1. CHEER LEADER said...
    como va el equipo de futbol? Las ovejas siguen siendo negras o se han convertido a otro suculento color?ha causado baja alguna de las ovejas negras? queremos informacion!!!!
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